Valor como resultado de poner el talento al servicio de un objetivo

No soy muy proclive a dar definiciones, pero sucede que en la materia que abordo hoy, es casi imprescindible a fines de ser didácticos.

Sabemos la importancia que tiene la creación de valor. Además, en los últimos años, incluso en una discusión o debate es habitual la expresión “poner en valor”, lo que significa que el término valor en el ámbito de las organizaciones y la psicología social, tiene un alcance mucho mayor.

O sea, el valor semiótico (de contenidos) más el valor significativo (lo que ese valor está condicionando el entorno).

Porque cuando se pone en valor estamos significando que damos el crédito a una serie de elementos que terminan condicionando el valor original. Para ello, nunca mejor dicho “valor añadido” o también “cadena de valore”.

Todas y cada una de las expresiones son “continente” porque dentro de sí están los contenidos que predeterminan y condicionan el valor, tales como el talento, la capacitación, la experiencia o el conocimiento.

Entonces, al referirnos a que el valor es el resultado de poner el talento al servicio de un objetivo, estamos viéndolo sólo desde un ángulo. Porque hay que agregar otras miradas, desde los ángulos del talento y esfuerzo, más talento y actitud, más talento y conocimiento.

En definitiva, la psicología individual de cada persona en la organización está sometida en una parte importante del proceso adaptativo a la cultura corporativa, a la psicología social que ha predeterminado ese entorno en el que se comparte espacio, tareas, responsabilidades y por supuesto, objetivos.

Cuando definimos lo que compone cada zona en la que nos movemos, tenemos que contabilizar cuatro:

1º) Zona de confort

2º) Zona de miedo

3º) Zona de aprendizaje

4º) El área de mejoras

Y lo que condiciona nuestra dirección de crecimiento es lo que se dice de que “toda mejora se produce siempre fuera de la zona de confort”.

La cuestión es en qué entorno nos movemos

Pero tenemos que tener en cuenta en qué entorno nos movemos, aquella famosa sigla VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity)

Si estos conceptos los tomamos por separado, vemos que en cuanto a la volatilidad se refiere a la aceleración del cambio; la incertidumbre en cuanto a menor claridad sobre el futuro; la complejidad por la existencia de múltiples factores decisionales; finalmente la ambiguëdad es que no haya una respuesta correcta.

¿Cuál va a ser el entorno de los próximos meses y al menos dos años siguientes?

Tendremos que adaptarnos al proceso de cambio que iremos viendo en el entorno de manera gradual (sin prisas pero sin pausas).

Por tanto, pasemos revista a las acciones que deberemos realizar como algo cotidiano y para nada excepcional:

– La colaboración como actitud y las redes y plataformas como espacio común.

– Pensar y actuar con la mentalidad científica de ensayo y error.

– Debemos estar en modo mente adaptativa, porque los ajustes a cada realidad cotidiana serán fuertes.

– Si pensamos en nuestros círculos de amistad profesional y relaciones que hemos ido generando a través de los años, teniendo en cuenta cuáles nos son más próximas y cuáles no, o con qué personas y/o colectivos más o menos conocidos o con los que hemos tratado más o menos a lo largo del tiempo tenemos puntos en común (intereses, valores, objetivos, etc.). Esto nos llevará a generar lo que algunos han definido como “generar tribu”.

– En cuanto a la gestión de las emociones que es un factor fundamental en las organizaciones, subirán unos puntos más en la importancia que adquieran porque vamos a estar transitando caminos desconocidos e impactados permanentemente por grandes dosis de incertidumbre.

– Por todos los elementos descritos hasta ahora, debemos agregar flexibilidad y velocidad. Respuestas rápidas para entornos aceleradamente cambiantes.

– Debemos recurrir a decisiones basadas en datos, porque no podemos caer en el absurdo de que por culpa de la velocidad de respuesta que necesitamos dar a cada problema o reto al que nos enfrentamos, dejemos de basarnos en datos fiables que además son abundantes en todos los sectores de actividad.

– Dentro de nuestro mecanismo mental de pensamiento, el crítico pasará a ocupar una posición privilegiada, porque hay que contrastar todo (hechos, acciones, datos, etc.). Nada hay que darlo por supuesto, o sea, una vez más mente científica, pero sin incurrir en el abuso de la mecánica prueba-error, para lo cual es necesario contar con estadísticas, análisis, información, etc.

¿Estás preocupado/a? ¿Debemos erradicar la preocupación?

Lo mejor que puede hacerse es no preocuparse y ocuparse. En vez de quejarnos, tomar acción sobre las cosas. Esto implica, tomar el toro por los cuernos y si no es posible, no debemos preocuparnos, porque entonces sabremos qué cosas no debemos hacer y cuáles debemos hacer de otra manera, sumando otras personas y equipos, etc. O incluso, delegando en terceros vía contratación de servicios externos.

No hay excusas para la preocupación, por ello, lo aconsejable es anteponer la preocupación la pre- ocupación, que implica tomar en consideración todos aquellos factores que hemos descrito.

Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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