¿Se han adecuado las escuelas de negocio al futuro inmediato y medio plazo?

El pasado 29 de noviembre en una información que publica NUESTRA REDACCIÓN que titulaba ¿Están las escuelas de negocio incorporando los contenidos curriculares correctos en función del horizonte 2030?

https://www.aeen.org/estan-las-escuelas-de-negocio-incorporando-los-contenidos-curriculares-correctos-en-funcion-del-horizonte-2030/

ya estábamos anticipando desde la AEEN cuál está siendo la tendencia, mejor dicho, el cambio de dirección que las escuelas de negocio necesariamente deben acometer para enfrentarse a los próximos años a escenarios mucho más complejos, si es que quieren seguir teniendo el predicamento y prestigio que se supone deben tener como instituciones de educación de postgrado.

Mirar no solo la actualidad de cómo son las ofertas de trabajo, sino investigar cómo serán las nuevas funciones y responsabilidades de puestos de trabajo que aún hoy no existen

 

Vamos a recordar algunas de las ideas que señalamos en este artículo:

“Igualmente, no es fácil que una empresa tenga pruebas sobre el retorno de su inversión en la formación de postgrado de un empleado elegido que va a ocupar posiciones de responsabilidad. Hay que mirarlo no solo por lo que gana esa persona (su mejora) sino la contribución agregada que está haciendo a la posición que ocupa, que seguramente será una mejora en la productividad no solo personal sino de su departamento y/o equipo que dirige”

O sea, hacíamos una clara alusión a la contribución en el mundo real, más allá de todos los conocimientos adquiridos en el ámbito académico. Por eso también agregábamos que “sin embargo, las escuelas de negocio ahora se han visto criticadas desde varias direcciones (a veces contradictorias): por prestar demasiada atención al rendimiento de la inversión de sus estudiantes, por ejemplo, y por no dar una buena relación calidad-precio; también por ser demasiado académicas y por estar demasiado preocupadas por enseñar habilidades prácticas básicas, que muchas de ellas se han quedado obsoletas si los programas o parte de estos no se ajustan permanentemente en función de cómo operan los mercados y cuál está siendo el impacto de la innovación tecnológica, especialmente en el pensamiento empresarial”.

Y para más INRI decíamos en esta contribución, que “lo que se conoce como pensamiento estratégico no puede nutrirse de prácticas anticuadas o que disten mucho de la realidad actual”.

Ahora bien, vamos a dar otra vuelta de tuerca a cuestión, por la que en nuestra aportación de hoy titulamos “¿Se han adecuado las escuelas de negocio al futuro inmediato y medio plazo?”. Y esta no es una pregunta baladí, por el contrario, encierra una serie de preocupaciones de fondo que va mucho más allá del modelo de negocio: nos referimos a la razón de ser de las escuelas de negocio y la educación de postgrado. Como veremos lo que dice el profesor Simon Collinson, vicerrector adjunto de la Universidad de Birmingham y presidente de la “Chartered Association of Business Schools (CABS)” a quién hoy vamos a dar réplica por el valor incalculable de sus aportaciones en este sentido.

Vamos a coincidir en una primera parte con él, respecto a ciertos datos que son interesantes recordar, tales como que:

a) El crecimiento de la educación empresarial durante los últimos 60 años ha sido fenomenal, con más de 16.000 escuelas de negocios operando en todo el mundo, según una estimación de AACSB.

Esto no quiere decir, estamos seguros que lo piensa Simon Collinson al igual que nosotros, que son demasiadas escuelas, porque estamos hablando de un mundo que en seis décadas ha pasado de la era industrial en serie y las grandes corporaciones, a un horizonte empresarial en el que las start-ups tecnológicas han asumido la vanguardia en cuanto no solo a los diferentes grados de innovación tecnológica, sino en cuanto a las consecuencias de la aplicación de las NTS’s en todas sus formas, lo que provoca un giro de 180 grados en el pensamiento estratégico empresarial.

Formación en las escuelas de negocio y capacitación en organizaciones con las que tengan acuerdos y que vayan facilitando el diseño de la adaptación de los programas a las nuevas realidades del mercado laboral

 

b) Si nos fijamos un horizonte de 25 años, muchas de nuestras escuelas de negocios no existirán y ninguna existirá en su forma actual, por las mismas razones que señalamos en a), lo que es un claro desafío no solo a la innovación disruptiva en el ámbito de las escuelas de negocio, sino a un cambio sustancial en su cultura corporativa.

c) Las escuelas de negocios han crecido para satisfacer una necesidad universal de liderazgo intelectual, educación y capacitación para empresas y profesionales de la administración. Pero si no se adecuan a los tiempos y los nuevos paradigmas (que no escenarios) irán perdiendo esa razón de ser que defendemos desde la AEEN.

d) Los mercados cambiantes y los nuevos competidores, combinados con las múltiples presiones de la escasez de profesores y la necesidad de lograr la excelencia en la investigación, la enseñanza de alta calidad y la participación de las partes interesadas, ahora significan que el modelo comercial estándar de las escuelas de negocios se está volviendo obsoleto. Por tanto, habrá que revisar si las acciones de marketing están en línea con la real oferta que se hace con los programas actuales, de manera de llegar a los candidatos por la calidad de contenidos, metodologías de aprendizaje y un cuerpo docente que esté en línea con esta transformación digital que se está operando en los mercados.

Pero lo que el profesor Simon Collinson nos viene a decir (que lo compartimos al 100%) es que al mismo tiempo que hablamos de adaptación y de innovación, está surgiendo un movimiento mucho más de fondo, que directamente está atacando (si es que no somos capaces de defenderla) la misma línea de flotación de las instituciones de postgrado: o sea, credibilidad y legitimidad. Collinson afirma que el cuestionamiento de esta legitimidad pasa porque las escuelas de negocios sigan siendo fuente dominante de ideas, experiencia y capacitación para los profesionales de la administración y los negocios. No podemos no coincidir con esta posición. Es más: hay que reforzarla.

El futuro. ¿Pueden las escuelas de negocios mantener su legitimidad?

¿Se está amenazando el futuro de las escuelas de negocio? Para responder a estas preguntas hay que ponernos en contexto: en primer lugar, vamos a referirnos a la legitimidad de las instituciones educativas de postgrado, que sin duda han contribuido sustancialmente en los últimos treinta años a incorporar una legión de nuevos líderes empresariales que aunque provinieran de carreras científicas y no de económicas o empresariales, igualmente lograron abrir sus conocimientos y mentes a cómo gestionar los negocios en los mercados actuales (lo han venido haciendo también, principalmente, a lo largo de las últimas dos décadas).

Algunos analistas y críticos, también colegas de nuestro sector, a escala global, se han venido manifestando también en los últimos veinte años sobre las bondades y las que no se consideran tanto, de las escuelas de negocio. Parece ser que la posición dominante de las escuelas de negocios como líderes intelectuales en los últimos años ha estado siendo amenazada por dos razones clave:

a) Un exceso de artículos académicos que no son relevantes en su aplicación práctica

Primero, una gran y quizás creciente proporción de artículos académicos, el principal producto de los académicos de negocios, que una gran mayoría son considerados por los críticos y analistas como irrelevantes, pero especialmente por aquellas organizaciones que han triunfado en el mercado y quieren resolver problemas de aplicación práctica, no teórica, ni disquisiciones intelectuales que no aportan valor añadido, ni a los beneficios, ni a los ingresos. O sea, una aportación literalmente inútil en cualquier contexto empresarial real. Claro está que esto tiene una explicación, ya que los académicos reciben fuertes incentivos para publicar y el impulso competitivo de la sofisticación técnica en el mundo de la revista de revisión por pares ha superado el impulso de concentrarse en resolver problemas de ese mundo real al que aludimos.

Es por ello que el profesor Simon Collinson, expresa claramente este fenómeno de la siguiente forma:

“Una amplia gama de expertos, profesionales, consultores y periodistas no académicos, algunos creíbles y otros no tanto, están desafiando esta hegemonía. Están montados en la ola de las redes sociales y se benefician de una desilusión generalizada con los expertos establecidos. La demanda de información de utilidad para dar forma a las prácticas comerciales y de gestión crece sin cesar y los nuevos desafiantes están llenando el vacío dejado por los académicos de las escuelas de negocios, muchos de los cuales prefieren quedarse en sus torres de marfil”.

b) La pérdida de legitimidad

Simon Collinson cree que “en un nivel fundamental, la legitimidad sustenta la razón de ser de una organización. Se deriva de la idoneidad, la dignidad y la confiabilidad, lo que le permite tener influencia e impacto y asegurar los recursos. El futuro de las escuelas de negocios está ligado a su futura legitimidad. Sin él, tendrán una influencia cada vez menor en la próxima generación de líderes empresariales y no podrán moldear el comportamiento de las empresas ni abordar los grandes desafíos que enfrentan las economías y sociedades que las albergan”.

Observemos que Collinson está haciendo una advertencia que es de un tenor muy grave (en el caso de que nuestro sector no sea consciente de ello) que fundamenta en la legitimidad. ¿Por qué? Porque si bien como dice, es algo inherente a la propia esencia de cualquier organización, sin duda en el mundo de la enseñanza especializada de los negocios, esta formación solo la pueden dar las escuelas de negocio, que se le supone una contribución decisiva al PIB de una nación o de una determinada comunidad. De ahí que, si se abre una brecha entre el despegue actual de lo que es la realidad empresarial impulsada por una imparable avance tecnológico que transforma métodos, procedimientos y tipos de productos y servicios, y lo que las escuelas de negocio pueden aportar a dicha realidad (concretamente mejor capacitación para puestos de trabajo más exigente), así como para posiciones que hasta ayer mismo no existían en las empresas y tienen que ser creadas porque la realidad hace que deba existir dicha función, lo que se afecta es esa legitimidad porque entonces su enseñanza no estará a la altura de las demandas.

La implementación práctica de los conocimientos adquiridos en la escuela de negocios será mucho más fácil en la medida que los contenidos curriculares de los programas se adecuan a las exigencias para las nuevas funciones en puestos de trabajo de reciente creación

 

Collinson cree y no le falta razón, que una solución posible a este desafío es que las escuelas de negocios se alejen de estar demasiado lideradas por el mercado. Si bien surgen nuevos competidores para satisfacer las necesidades actuales de estudiantes y gerentes, la perspectiva a largo plazo de los investigadores de las escuelas de negocios puede brindarles una ventaja importante, porque será justamente la búsqueda de ese nuevo puesto de trabajo (función y responsabilidad) a la que la escuela deberá anticiparse por la propia característica investigadora, pero en temas de aplicación, no solo en cuestión filosóficas y doctrinarias.

La doctrina del management y el liderazgo si son bien aplicadas sirven. Si se circunscriben al debate meramente académico sin una sola prueba de su vigencia, al menos probada en alguna organización, no sirven de nada.

Collinson dice que “los académicos de las escuelas de negocios tienen una experiencia considerable en enseñar a los estudiantes cómo aprender, derivar el significado de la información y cuestionar, recopilar evidencia, enmarcar y debatir temas complejos. Esto les sirve bien cuando la información no solo está disponible, sino que es cada vez más transitoria”, lo cual, esta cuestión de la temporalidad es un punto crucial para esa adaptación de la que venimos discurriendo en esta aportación. Porque, partiendo de la base de que muchos productos y servicios son efímeros, que se debe a que los grados de obsolescencia se han incrementado en todos los ámbitos de la sociedad para cualquier producto y/o servicio, porque cualquier cosa puede quedar en desuso por innovación de la competencia en cuestión de semanas. Por eso, sin dudarlo, lo que Collinson sostiene es que la educación que permite a los estudiantes adaptarse más allá del contexto actual y las demandas ocupacionales inmediatas, proporciona habilidades duraderas que diferenciarán las trayectorias profesionales, está dando un puntapié claro al tablero de mando de las escuelas de negocio, para poner en prioridad uno este futuro del que estamos hablando, sobre aquellas cosas que aún no conocemos pero que si la investigación se hace como se debe de parte de las escuelas en consonancia con proyectos compartidos con organizaciones punteras, se estará creando un escenario interesantísimo de aprendizaje para los estudiantes, de contribución a la productividad para las organizaciones gracias a conocimientos aplicados de última generación, y por supuesto, una mejora en el nivel de vida de esa comunidad por el impacto que tiene social y económicamente hablando.

Creemos junto a Collinson que las escuelas de negocio deben mejorar sus esfuerzos en ambos frentes, los contenidos curriculares y sostener un modelo que sea legitimado por la propia realidad (demanda de postgraduados de parte de las organizaciones). Una capacidad que deben demostrar las escuelas para proporcionar una educación más preparada para el futuro y una investigación relevante, para mantenerse a la vanguardia de la competencia. Esto implicará demostrar de manera más explícita y contundente su valor y legitimidad en un mundo desafiante.

Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education)

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