Nuevas políticas de las escuelas de negocio para ser socialmente más responsables

Desde NUESTRA REDACCIÓN como es habitual en nuestros artículos que pretenden ser de información y divulgación al mismo tiempo, hemos salido en esta ocasión ahí fuera (a la más poderosa red que existe) en la búsqueda cuál es el pensamiento colectivo de responsables del sector de la formación de postgrado para resolver nuestra aportación de hoy.

Lo que a continuación describimos no es la opinión en particular de ninguna personalidad de la formación, sino lo que hemos extraído como conclusión al estado de situación actual de las escuelas de negocio en esta cuestión de la responsabilidad social.

Son diversas e interesantes las preguntas que por ahí circulan, tales como ¿qué acciones podría tomar las escuelas de negocio para hacerlas más responsables socialmente?

Aparentemente, cuando empezamos a investigar esta temática, se puede ir en sentido de una responsabilidad social con cosas muy simples en cuanto a políticas que deben establecer las escuelas de negocio, como cualquier otra actividad económica (de esto se trata en definitiva, formación de alto nivel  pero no deja de ser un negocio al fin) y nos parece bien, porque de esta manera se garantizará (teniendo que cuidar su imagen corporativa) que entren en línea con las organizaciones que sean socialmente más responsables.

Por ejemplo, se puede empezar por preservar en buenas condiciones tanto estéticas como de salubridad, además de comodidad, las instalaciones. Mantener limpio el edificio de la escuela y contribuir con el vecindario circundante, en que no se produzca acumulación de basura, cuidar el verde que la rodea, desde árboles y plantas en entradas, paseos, accesos, etc. Al mismo tiempo, se puede controlar la reducción del consumo de agua y energía, y esto le compete decirlo a la escuela, por ejemplo, el cuidado de no dejar grifos abiertos, o luces encendidas innecesariamente en aulas que no tienen actividad y un largo etcétera.

Más allá del ámbito de la propia estructura física, nos encontramos con las acciones propias de la responsabilidad social, por ejemplo, donar dinero, productos o servicios a causas sociales y organizaciones sin fines de lucro.

Es frecuente que organizaciones importantes que tienen abundantes recursos puedan beneficiar a organizaciones benéficas y programas comunitarios locales, y para la comunidad en la que funciona determinada escuela de negocios, esta participación y preocupación por los asuntos y también problemas locales, es una forma de mostrar responsabilidad social, no solo de manera estética, sino de manera comprometida, porque debe necesariamente implicarse en acciones que vayan en línea con la mejora de las condiciones sociales, económicas, etc. de esa región.

Algunas formas de hacer que una escuela sea más consciente socialmente puede hacerse con las siguientes acciones:

– Establecer más allá de su actividad formativa primigenia, una misión social.

– Para ello, las metas que debe proponerse tienen que ser realistas.

– Para que tenga un éxito y una continuidad, debe haber consciencia social en la cultura corporativa de la escuela de negocios y hay que educar al personal

– Hay que contar con un equipo interno que cumpla las funciones de responsabilidad social corporativa, que seguramente estará integrado por dos o más personas de diferentes departamentos, o por contrario es un departamento ad-hoc.

– Pueden hacerse contribuciones directas.

– Puede fomentarse el voluntariado que tenga implicaciones en acciones sociales en la región.

– Debe acordar con empresas locales acuerdos que entren en el ejercicio de prácticas laborales éticas y socialmente responsables.

– Hay que formar en el pensamiento sostenible, para que la acción socialmente responsable no sea considerada una quimera, sino una acción operativa ordinaria que hay que realizar como parte de una actividad global responsable.

Por tanto, creemos necesario destacar algunos factores a tener en cuenta para las políticas socialmente responsables que las escuelas de negocio vayan a implementar:

1º) Las escuelas de negocios deben promover la responsabilidad social junto con las ganancias, no deben ser entes separados. Beneficios obtenidos de manera que siempre hayan estado incluidos acciones de responsabilidad social, son los que cuentan en el medio y largo plazo para la sociedad y las instituciones, pero también contarán de seguro para inversores, accionistas, etc., que cada vez son más exigentes con las políticas socialmente responsables que hacen las organizaciones en las que participan.

2º) Aunque los ejecutivos corporativos, los estudiantes de escuelas de negocio y los líderes de opinión están comenzando a mirar los negocios a través de una nueva lente, una de responsabilidad social corporativa, sustentabilidad e incluso espiritualidad, continuamos siendo testigos de un fuerte aumento en la desigualdad y las portadas de los principales diarios nacionales e internacionales, están una y otra vez plagado de prácticas comerciales cuestionables y comportamientos extremadamente poco éticos.

3º) Los millennials y la generación Z, esperan que las corporaciones vayan más allá de la filantropía para sentirse bien, e implementen sus acciones hacia la integración de la responsabilidad social en su pensamiento estratégico. Aquí es donde importan las buenas escuelas de negocio.

4º) Los Principios de la ONU para la Educación en Gestión Responsable son un paso en esta dirección, enfatizando la necesidad de lograr un equilibrio entre los objetivos monetarios y de sostenibilidad. Anima a las instituciones a innovar y avanzar en la enseñanza en temas relevantes para los negocios, la sociedad y el medio ambiente. Obviamente, en este punto encaja una única institución: las escuelas de negocio en la formación de postgrado con criterios socialmente responsables.

5º) Los académicos están defendiendo una nueva visión impulsada por un propósito a través de cursos generalistas y especializados sobre negocios éticos, además de cómo hacer que los modelos de negocio contribuyan a la propagación ordenada de proyectos (más empresas) sostenibles en el tiempo y con criterios de responsabilidad social que estén integrados en los programas de formación de postgrado y en la mentalidad de los profesores, por ende, en la nueva cultura corporativa de las escuelas de negocio.

A través de dichos planes de estudio, las escuelas de negocio invitan a la reflexión existencial sobre el propósito y la eficacia de las organizaciones empresariales para mejorar el bienestar humano de manera tangible.

6º) Al incorporar en sus planes de estudios esta perspectiva más amplia y promover la conciencia de que cualquier objetivo que adopten sus estudiantes también se reflejará en las propias escuelas, es el momento en el cual las escuelas de negocio tienen la oportunidad de perfeccionar el carácter de sus futuros graduados convirtiendo la responsabilidad ética en identidad moral.

7º) Estamos asistiendo a una época en la que se exige por la sociedad en su conjunto, una economía de mayor responsabilidad, a lo que se le ha llamado desde finales del siglo XX en “capitalismo responsable”. Por tanto, el rol que las escuelas de negocio deben perseguir, es buscar redefinir el éxito en términos del grado de desafío intelectual y apoyo que brindan, midiendo la satisfacción general con la vida de sus exalumnos y rastreando las trayectorias profesionales de ellos en organizaciones socialmente responsables, como corporaciones benéficas o empresas emergentes que crean valor social.

8º) Las crecientes presiones económicas derivadas del aumento de los costes de matrícula, la disminución de la oferta de fondos estatales en el otorgamiento de becas y una cultura cada vez más orientada al consumidor, han creado una mentalidad instrumental en muchos, si no en la mayoría, de los estudiantes universitarios que ingresan a realizar sus estudios de postgrado, lo que ha impactado la ética de la educación en el siglo XXI. Asegurar un trabajo ejecutivo bien remunerado a menudo se confunde con el propósito de cualquier educación universitaria y de postgrado.

9º) Para las escuelas de negocio, el propósito funcional clave de la educación que buscan es, de hecho, el desarrollo de una visión crítica, facultades de resolución de problemas y habilidades de liderazgo requeridas para establecer y alcanzar un amplio conjunto de metas organizacionales y sociales.

Esto no quiere decir que la educación empresarial deba reconsiderarse como una forma de capacitación en servicios sociales o que no haya lugar para incentivos financieros. Solo que dichos incentivos no deben enmarcarse como metas finales en sí mismas, sino como medios económicos para lograr un mayor cumplimiento. En otros términos, la contribución personal que cada postgraduado haga a la comunidad en la que ha estudiado, o en general en la sociedad, porque si ha marcado a fuego su mentalidad corporativa con una marca de responsabilidad social inseparable de cualquier acción empresarial, la sociedad en su conjunto se verá beneficiada y la escuela de negocio que lo formó habrá cumplido sobradamente su actual propósito de formar nuevos directivos y líderes con sensibilidad ante los grandes desafíos que tiene la sociedad.

10º) Esencialmente, las buenas escuelas de negocios deben replantear la promesa de una recompensa financiera futura simplemente como un medio para lograr mayores fines personales y sociales en lugar de como un objetivo en sí mismo.

Esta información ha sido elaborada por NUESTRA REDACCIÓN

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