Las raíces de las escuelas de negocio afloran en el horizonte 2030

La pregunta que nos venimos formulando los que llevamos un poco más de dos décadas en el sector de la formación de postgrado, es ¿cuántas veces más tendremos que seguir escuchando una pregunta que vienen haciendo también en los últimos veinte años analistas, críticos, colegas profesores, alumnos, ex –graduados, etc. sobre si siguen siendo relevante las escuelas de negocios.

Las escuelas de negocio han tenido que esforzarse en los últimos años para que se produzca un trasvase de conocimientos aplicados a las organizaciones y que corresponde a las demandas de nuevas funciones y responsabilidades de los puestos de trabajo

 

Como en todo debate social, siempre nos encontraremos con luces y sombras, pero una conclusión a priori, a pesar de todo lo que ha llovido en este lapso señalado en cuanto a cuestionamiento de la relevancia social de las escuelas de negocio, estamos seguros que la formación y capacitación empresarial que dan nuestras instituciones de postgrado, tanto las españolas como en otros países de nuestro entorno europeo y más allá (especialmente Estados Unidos, pero además varios países asiáticos y latinoamericanos) seguirá siendo un pilar necesario en el que las organizaciones confían para prosperar en la economía global actual y la de los próximos años a los que nos enfrentemos.

Hablamos continuamente del horizonte 2030

La pregunta es entonces ¿quién como institución educativa podrá tomar el relevo? Ninguna otra. La pregunta quizás deberíamos formularla como sigue: ¿Hay alguna posibilidad de que la educación de postgrado quede relegada y pase a ser irrelevante en la próxima década? Nuestra respuesta es firme y contundente: a tal punto seguirá siendo imprescindible el rol de las escuelas de negocio en el futuro inmediato y a largo plazo, que no vemos un escenario en el que la educación de postgrado pueda prescindir de este tipo de instituciones.

Porque cuando nos preguntamos cuál es el propósito de las escuelas de negocio, surge claro que hay una misión que tienen como prioridad: educar a los profesionales y crear conocimiento a través de la investigación. Una educación especializada que se manifiesta en alto nivel de formación y capacitación que además contribuye a un período para los estudiantes de postgrado de especial experimentación, por lo que significa el intercambio de experiencias y conocimientos, grupos de trabajo e investigación, trabajos en equipo, prácticas empresariales muy bien dirigidas y el apoyo constante de tutores y coordinadores de programas.

Equipos de trabajo mucho más sensibles a las demandas de la sociedad en cuanto a responsabilidad social y sostenibilidad, que a su vez están mejor capacitados para comunicar en nombre de la marca y empresa cuáles son sus protocolos de actuación respecto al medio ambiente, la inclusión, la igualdad, etc.

Nuestra posición desde la AEEN

Sin duda se ha producido un giro sustancial en la filosofía, no tanto de las escuelas de negocio sobre el contenido de los programas, como de la aceptación social (el cuestionamiento constante de gran parte de la sociedad) sobre los fines sociales de las empresas en general, más allá de la consabida maximización de los beneficios. O sea, que cuando se replantea esta filosofía, especialmente después de la gran Crisis Financiera Internacional de 2008-2009, es cuando las escuelas empiezan a reaccionar sobre su papel en la sociedad respecto a la realidad de cuál es el impacto que tienen que tener. Esto es independiente de que sus graduados se hayan perfeccionado en mejores herramientas que los consejos de administración exigen a los mandos intermedios y demás líderes, para que los accionistas estén contentos con el retorno de su inversión y el pago habitual de dividendos. O sea, la realidad ha empujado a las escuelas a este cambio, porque la sociedad ya no ve con buenos ojos el concepto marginal de la economía en cuanto a la maximización de los beneficios.

De ahí que, las escuelas de negocio están revisando sus programas, alejándose de la doctrina que da preferencia a los accionistas (la maximización del beneficio como objetivo de la economía de las empresas) que ha dado forma a gran parte de la formación académica de las ciencias empresariales y económicas, del mismo modo, que del armado de los contenidos curriculares de las escuelas de negocio. En cambio, han sido justamente las escuelas las que han reaccionado muy rápidamente en términos generales y a escala global. Porque ya llevan varios años enfatizando el propósito social y las preocupaciones ambientales. Pero por razones tales como la inercia institucional y la empleabilidad de los graduados, el cambio está resultando difícil.

Se producen barreras, no porque alguien las ponga, sino por el tipo de demanda de puestos de trabajo que se ofrecen, además de que son mucho mayores las exigencias de productividad que se le piden a los candidatos que tienen que luchar en mercados cada vez más competitivos, por ende, son las organizaciones las que han estado empujando en primera línea hacia este cambio.

La paradoja que se presenta hoy día podemos resumirla en lo siguiente: en el pasado la maximización era lo esencial en la toma de decisiones e implementación de acciones; actualmente lo es cualquier acción que tenga impacto social por más disrupción tecnológica que implique. Por tanto, si la sociedad exige gestiones responsables y de buen impacto, hay que seguir buscando beneficios que satisfagan a los accionistas e inversores, pero que sean los más altos posibles dentro de los límites que dicho impacto social y sostenibilidad exigen. Una especie de cuadratura del círculo pero que se está logrando poco a poco, por lo que esta figura geométrica (la que utilizo en esta paradoja) debemos convertirla en un simple cuadrado, en el que sus cuatro lados intervinientes sean iguales en cuanto al interés: valoración de la sociedad, beneficio empresarial y retorno a los accionistas, sostenibilidad del proyecto y formación, así como capacitación acorde con el nuevo paradigma. Esto es lo que algunos han dado en llamar ganancia decente.

Este no es un terreno nuevo para las escuelas de negocio: en todo caso, es un regreso a sus raíces. Muchas instituciones priorizaron el avance de los objetivos morales y sociales a finales del siglo XIX y gran parte del siglo XX. Debemos recordar que las escuelas de negocios en se crearon en Estados Unidos se apoyaron sobre estos principios. En 1881, se estableció la Escuela Wharton en la Universidad de Pensilvania para preparar a los graduados para que se convirtieran en “pilares del estado” y avanzaran en la sociedad en general. En 1908, la misión fundacional de Harvard Business School fue capacitar a líderes que “obtuvieran una ganancia decente, decentemente”.

Por tanto, después de gran agitación especialmente en los últimos diez años, incluso en los más altos estamentos de la política en los cuales había postgraduados distinguidos, las escuelas de negocio intensificaron los cursos sobre ética, responsabilidad profesional y gestión de riesgos. Se tuvo que romper con esa inercia perjudicial para las escuelas de negocio de que fomentaban y enseñaban la avaricia y maximización de ganancias. Había que meter a fuego el mensaje de que se prioriza la responsabilidad social y la sostenibilidad. Y así fueron surgiendo una serie de programas que marcaron el cambio de dirección en las principales escuelas de negocio del mundo. En España, también se ha sido muy sensible desde la formación de postgrado a esta nueva dirección.

Porque si realmente querían seguir siendo relevantes en todos los continentes, forzosamente tenían que cambiar. Pero más aún: era una cuestión de supervivencia, o sea, que cambiaban o dejaban de existir, por lo que ya no era tan importante la relevancia.

La creatividad a partir de una idea hay que poder implementarla en una acción concreta que persigue resultados positivos, capacitación y experimentación que otorgan las escuelas de negocio a sus postgraduados para que tengan herramientas útiles en la nueva economía digital en la que nos movemos

 

Una barrera que había que levantar

Como siempre ocurre, hay intereses que se enfrentan en toda acción que cometemos. En la formación de postgrado, las escuelas de negocio se enfrentaron a una barrera para la enseñanza del propósito social en los MBA, que se ha convertido en la presión para crear oportunidades de empleo por lo que hemos referido anteriormente de la sensibilidad social y nuevas exigencias empresariales para los postgraduados, lo que terminaba siendo para los estudiantes un obstáculo para poder pagar las altas tasas de matrícula. Es que se produjo una dicotomía en la que, si las escuelas en respuesta a esta nueva sensibilidad se enfocaban en la sostenibilidad y los negocios responsables, pero las culturas corporativas se mantenían impulsadas por la maximización de las ganancias, esto se traducía en menos empleos y salarios más bajos. Pero el cambio ya ha llegado a las propias organizaciones que también están demandando más formación en este sentido.

Meta y objetivos de los programas de las escuelas de negocio

Si desde nuestras instituciones somos coherentes con nuestras raíces, sin duda vamos a tener que considerar ciertas prioridades en el paquete de contenidos que ofrecemos en los diferentes programas. A título meramente enunciativo:

– Pensamientos innovadores.

– Detección de problemas y reconocimiento de oportunidades.

– Identificar cunado un problema se puede convertir en una oportunidad, sea comercial (modelo de negocio) o personal (en algún ámbito del liderazgo).

– Fomentar la creatividad generando soluciones únicas tanto a retos como a problemas, y aprender, así como experimentar una forma de respuesta rápida acorde con los mercados actuales.

– Responsabilidad ética que implica la toma de decisiones éticas, para lo cual hay que formar en cómo debe hacerse el reconocimiento de cuáles son los límites éticos de las diferentes acciones a las que se enfrentan las organizaciones, lo cual implica el establecimiento de nuevos marcos de referencia en la ética empresarial como disciplina, para que puedan ser fácilmente distinguidos y aplicados simultáneamente a que sean el camino directo a una solución por la que dicha acción debe ser implementada.

El aprendizaje a través de los métodos cuantitativos ha dado paso en los últimos años a la preocupación de medir más el valor de marca en cuanto al impacto social que tiene que a la propia maximización del beneficio para los accionistas

 

– Pensamiento reflexivo, para lo cual hay que demostrar la consideración de una creencia, forma de conocimiento, acción o experiencia, evaluarla y desarrollar una visión hacia la acción futura.

– Iniciativa, buscando oportunidades para la participación activa en las áreas curriculares. Tomar la perspectiva de otros y demostrar comprensión del punto de vista de otra persona.

– Habilidades de comunicación en las que las cuestiones capitales de la inclusión, igualdad de género, sostenibilidad, responsabilidad social, sean parte del vocabulario de una nueva cultura corporativa.

– Habilidades interpersonales y trabajo en equipo que facilite la comunicación de manera efectiva en situaciones de grupos pequeños, en momentos de crisis, o durante la gestión de un cambio re-organizativo por exigencias del mercado y/o la tecnología, etc.

Por tanto, la meta que tenemos en nuestro horizonte temporal del que estamos hablando hoy día, o sea, 2030, necesariamente deberá tener en cuenta dos sub-metas básicas:

1º) Preparar a los estudiantes para comunicar ideas de manera efectiva, ya que en la sociedad digital en la que debemos convivir las formas de comunicación se están modificando constantemente, lo que convierte al marketing digital y al pensamiento digital como estrategia, en elementos claves para la toma de decisiones.

2º) Preparar a los estudiantes para sintetizar, analizar e integrar su conocimiento de las diferentes disciplinas que abarcan los ámbitos financieros, de marketing, de producción, de ventas, de RRHH, de disrupción tecnológica, de manejo del Big Data, etc., de manera tal que estén en condiciones de brindar soluciones innovadoras y creíbles a los problemas y oportunidades organizacionales.

Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education)

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