Evitar las limitaciones académicas de las escuelas de negocio en su contribución a la sociedad

Cada vez que desde NUESTRA REDACCIÓN “salimos ahí fuera” a buscar opiniones, investigaciones, encuestas, críticas, etc., no dejamos de sorprendernos, por la velocidad y actualidad con la que se producen. Porque nuestro ámbito de estudios de postgrado está siendo muy asediado, como no podía ser de otra menara, por el tremendo impacto que las NT’s han venido teniendo en las organizaciones. Y se supone que los licenciados que eligen un MBA para capacitarse y hacer una carrera profesional con mejores opciones, también están muy preocupados por si su programa, su escuela, su formación, están en línea con todo este barullo que se escucha en el mercado. Y por supuesto, lo más importante, cuál es la real contribución de las escuelas de negocio a la sociedad actual.

El alumno de postgrado será cada vez más exigente respecto a los compromisos sociales que la escuela en la que estudia ha asumido con la sociedad y muy especialmente la defensa del medioambiente para que las empresas sean más sostenibles.

 

Nos parece interesante poner un ejemplo, el de un cliente potencial que debe elegir entre bancos que ofrecen tarifas y servicios similares, por lo que podría optar por la institución que tiene paneles solares en su edificio. No es ninguna locura: es tener en cuenta los principios de sostenibilidad a los que hemos dedicado más de un artículo.

¿Comprendemos a las organizaciones financieras que eligieran este tipo de estrategias edilicias? Por supuesto que sí, ya que las escuelas de negocio vienen desde hace un largo tiempo explicando que en una era excesivamente de mercantilización de productos, una empresa necesita una marca atractiva que la diferencie de sus competidores. Un cliente potencial que debe elegir entre bancos que ofrecen tarifas y servicios similares podría optar por la institución que tiene paneles solares en su edificio o que brinda crédito a los desatendidos o favorece proyectos con un enfoque de sostenibilidad. O sea, sensibilidad social y responsabilidad hacia la comunidad en la que opera.

Por tanto, tiene sentido que algunos bancos busquen cultivar la lealtad a la marca apelando a las preocupaciones ambientales, sociales y de gobierno corporativo del público.

Muchos de los estudiantes de hoy elegirán universidades basándose en parte en la forma en que estas instituciones sinceramente articulan e implementan ESG. Algunos estudiantes decidirán asistir a una universidad porque sus edificios están construidos para cumplir con los estándares LEED. Otros considerarán la forma en que una escuela realiza ferias de empleo, cómo implementa iniciativas de diversidad y si ofrece becas que mejoran la justicia social y una mejora en la igualdad económica. Los estudiantes quieren saber si los profesores brindan su experiencia a los gobiernos locales y las corporaciones de vanguardia. Quieren saber quién se sienta en las juntas. Incluso quieren saber acerca de las colectas de botellas y los programas de reciclaje de una escuela.

Los estudiantes definitivamente observarán la forma en que una escuela de negocios integra la sustentabilidad en el plan de estudios.

Muchos quieren saber (no solo estudiantes) de qué manera utilizan los docentes su formación profesional y posición para mejorar el medio ambiente y contribuir a una sociedad más equitativa y armoniosa, y si se ofrecen como voluntarios a nivel local, nacional e internacional en organizaciones que mejoran el acceso al gobierno y sus programas.

Afirmar que las escuelas de negocio son parte de ese grupo de instituciones más influyentes en todos los países del mundo, no es una exageración. Y esto es así desde mediados del siglo XX en que su poder de influencia se fue acrecentando gracias a la decida contribución que hicieron a las empresas poniéndoles a disposición profesionales altamente capacitados que el momento de gran desarrollo industrial y tecnológico requería.

Visto desde el punto de vista de la educación que brindan, sin duda es importantísima su contribución. Pero si aún lo miramos desde el otro punto de vista que nutre continuamente la evolución doctrinaria, o sea la investigación, por supuesto que también su nivel de contribución ha ido en aumento.

El establecimiento de estándares

La relevancia de las escuelas de negocio se mide en función del impacto histórico que han tenido en sus respectivas sociedades.

 

De alguna manera han establecido cuáles deben ser los estándares a tener en cuenta para los líderes de las diferentes generaciones que se integran al tejido productivo, para liderar organizaciones locales y globales, lo que exige una responsabilidad que requiere discusión, desarrollo y desafío continuos. Y este nivel de capacitación y formación solo se puede adquirir en los programas de postgrado de las diferentes escuelas de negocio. Desde ya, que estamos hablando de estudiantes de postgrado que ya cuentan con su licenciatura y que están transitando un peldaño más en su desarrollo personal y profesional.

Espacio que ocupan las escuelas de negocio en la sociedad actual

Vista la cuestión en cuanto al espacio que ocupan las escuelas de negocio en la sociedad actual, podemos afirmar también que son tres ámbitos espaciales esenciales para cualquier país:

a) Cómo la legitimidad de las escuelas de negocios ha sido desafiada por la reciente crisis económica y los escándalos corporativos. Esto se planteó durante la eclosión de la Crisis Financiera Internacional 2008-2009, y aún se escuchan ecos de aquellas voces en cuanto a corrientes críticas que cuestionan si contribuyen o no a la sociedad.

b) Cómo contribuyen las escuelas a moldear y transformar la conducta empresarial. A la fuerza, han tenido que ir incorporando contenidos curriculares en respuesta a temas nuevos que surgían de la aplicación también de nuevos procedimientos administrativos, modelos de negocio, políticas de inclusión e igualdad, etc. que iban asumiendo las organizaciones como respuesta a un reclamo social.

c) Cómo las instituciones, pasadas y presentes, desarrollan sus identidades para enfrentar los desafíos que presenta no solo el proceso de globalización que ya lleva treinta años acelerando los cambios, sino los factores excepcionales como ha sido el impacto del Covid-19 en todas las sociedades del mundo. Al menos en este punto del impacto del Covid, ya hemos explicado también en artículos anteriores, que el sector de la formación de postgrado estaba mejor preparado que otros sectores de la economía en cuanto a la transformación digital.

Visto estas consideraciones, desde la AEEN estamos siempre atentos a cualquier señal que provenga de instituciones académicas actuales, de parte de directores de carreras de postgrado, de profesores, de administradores, de reclutadores, de decanos de universidades, etc., que puedan facilitar la combinación de las diferentes perspectivas globales de todos ellos, de manera de poder tener un debate permanente que sea útil a las sociedades porque esté centrando de verdad cuáles son los desafíos actuales y futuros, no espejismos que hacen perder tiempo, sino senderos en los que ciertamente se está transitando en el buen camino para una contribución que aporte valor a la sociedad.

La injusticia social y la lucha por rebajar la desigualdad económica son temas acuciantes por las que las escuelas de negocio no deben dejar de aportar decidas contribuciones de sus investigadores para ayudar a rebajar dichos flagelos sociales

 

Fortalecer la contribución de la Escuela de Negocio a la sociedad

A través de una mayor sensibilidad por el desarrollo de una mentalidad de sostenibilidad, el principal desafío del presente para las escuelas de negocio es comunicar muchas de las actividades en curso y las nuevas iniciativas en relación con los ODS (Objetivos de desarrollo sostenibles) para compartir su impacto de manera más efectiva con una gama más amplia de partes interesadas.

La búsqueda de una relación recíproca con la comunidad y un profundo compromiso para fomentar la integridad, el pensamiento crítico y estratégico, la investigación de alta calidad e impacto y la proyección social, todos estos elementos, de manera individual y accionados en conjunto (coordinadamente), son gran parte de la responsabilidad actual en la conducción de las escuelas de negocio para que sigan siendo un factor social relevante.

Precisamente, para comunicar de manera más clara sus contribuciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, tales como educación de calidad; trabajo decente y crecimiento económico; industria, innovación e infraestructura; reducción de las desigualdades; alianzas para los objetivos, la parte académica de las escuelas tiene que seguir esforzándose en que su supuesto nivel de contribución social (que de hecho lo tiene y mucho), no baje ni se vea afectado por cuestiones de políticas internas de países, menos aún de acuerdos globales en los que la formación de postgrado no haya sido tenida en cuenta como debiera.

El intercambio de investigación académica

Un camino muy directo es si las escuelas empiezan a compartir el número y contenido de investigaciones académicas que contribuyen al desarrollo sostenible de la sociedad; el número y tipo de viajes de estudio y misiones especiales que realizan los estudiantes para contribuir al desarrollo sostenible de la comunidad; y la integración de los ODS en actividades con organizaciones locales e internacionales. Todos estos indicadores bien aplicados son garantes de las capacidades de rendición de cuentas de cualquier escuela de negocio realmente comprometida con este nuevo tiempo de formación de profesionales y líderes futuros. Lo que requiere exigir un nivel de comunicación transparente y directa con el cuerpo docente, los estudiantes, los ex alumnos y la comunidad en general. De esta manera se pueden lograr avances significativos en cuanto a la contribución de la formación de postrado en todas las sociedades, al fortalecer una cultura organizacional que contribuye a la sociedad al desarrollar una mentalidad de sustentabilidad en estudiantes y egresados. Un cambio de cultura personal que llevará a variaciones sustanciales en las respectivas culturas corporativas, con la influencia que esto tiene en las comunidades en las que las escuelas tienen su presencia, más allá del alcance que actualmente proporciona la formación y capacitación online.

Críticas infundadas: que las hay las hay

No ha habido década (lo decimos así en vez de referirnos a años, para no hacer engorroso el análisis que pretendemos hacer hoy) en la que no hayan aflorado críticas muy serias en contra de la actividad de las escuelas de negocio, siempre rondando en las mismas la pregunta de ¿cuál es su real contribución a la sociedad? Lo que sí es cierto, que mucha de la crítica expuesta por brillantes profesores de escuelas de negocio muy reputadas, fueron tenidas en cuenta, pero más que las opiniones que iban generándose con la evolución de los tiempos y el ajuste de los modelos de negocio a nuevas circunstancias, fue justamente la irrupción de las NT’s y la aceleración exponencial de los procesos de cambio lo que más influyó (más que la discusión doctrinaria) en la adaptación de las escuelas a esas nuevas realidades.

Esto no invalida la valiosa contribución que la doctrina brinda tanto a escuelas de negocio como universidades, ya que la evolución teórica y el pensamiento que se va adaptando e implementando según nuevas reglas, sin duda no solo es una contribución a la sociedad, sino a que dicha doctrina justifique su necesaria existencia. No se entiende de otra manera, sino no habría procesos de adaptación mínimamente responsables y útiles. La implementación práctica es fundamental, pero el desarrollo teórico que surge de la actualización del pensamiento en función de nuevos escenarios también es esencial. A pesar de las críticas de que gran parte de su actividad se centra en temas abstractos y demasiado académicos con poca resonancia más allá del sector de la educación superior, lo que sí es cierto (al menos de surge de nuestra investigación), es que existe una amplia y variada gama de investigaciones realizadas por profesores sobre temas con un fuerte valor social. Los más críticos sostienen que gran parte de la investigación de las escuelas de negocios, y la financiación pública para la misma, tiene un rendimiento inferior al esperado.

Los argumentos que sostienen este tipo de posiciones, es que tanto el talento como los recursos se canalizan con demasiada frecuencia hacia trabajos teóricos leídos por pocas personas con una aplicación limitada, pero con una característica preocupante: hay un énfasis en la cantidad sobre la calidad y la novedad sobre la replicabilidad.

La aceleración del cambio y los problemas acuciantes en las sociedades exige una rápida respuesta de la formación de postgrado para que sea considerada no solo oportuna, sino de vanguardia.

Existen demasiados artículos e investigaciones que no están aportando soluciones prácticas a los temas que actualmente demandan las organizaciones

 

Diferencia entre necesidades de las empresas y las preferencias académicas

Algunos observadores sugieren que la orientación a menudo esotérica de la investigación es en parte un legado de las reformas en la educación gerencial de los Estados Unidos después de la Segunda
Guerra Mundial y el surgimiento de las grandes corporaciones industriales, que tenían necesidades urgentes de reorganización de sus estructuras organizativas y también de sus procedimientos. De ahí que todos los cambios que se fueron implementando en las empresas estuvieron en gran parte diseñados para ir cerrando la amplia brecha que se había abierto entre la aplicación práctica que los trabajos requerían en cada puesto y los contenidos curriculares de los programas en universidades y escuelas de negocio. O sea, lo convencional empezaba a rechazarse por modelos más adaptados a dichas urgencias empresariales. O sea, que siempre el mercado y la demanda empresarial han impulsado el necesario cambio en las escuelas de negocio. Esto resulta lógico como evolución institucional, pero no necesariamente ha resultado completo, o sea como suele decirse, “condición necesaria pero no suficiente”.

Con el tiempo, esto ha llevado a una divergencia entre las necesidades de las empresas de capacitación práctica y la preferencia de la academia por la teoría revisada por pares. El resultado ha sido la publicación de investigaciones en una gama limitada de revistas especializadas con lectores limitados. Pero esta cerrazón también ha sido derrotada por INTERNET, y las nuevas formas de comunicación especialmente a partir de la entrada en este siglo XXI.

Esto ha llevado a que gran parte de la investigación se centrara en trabajos teóricos leídos por pocas personas con una aplicación limitada hasta que las NT’s eclosionaran y no pudieran resistirse más ni profesores ni investigadores a la necesaria interdependencia académica y de investigación.

Hoy, muchas escuelas de negocios en economías emergentes, fundadas con un enfoque más práctico y fuertes vínculos con las empresas, se han sumado a esta necesaria corriente transformista sobre la contribución social de las escuelas de negocio, aduciendo que se necesita investigación que sea relevante para los negocios, por ende, para la sociedad.

Sorprende, por ejemplo, que los reguladores del Reino Unido han introducido el “Marco de Excelencia en Investigación”, que requiere que las universidades proporcionen evidencia de su impacto. Se han lanzado sistemas similares en Australia y los Países Bajos.

Pero por todo lo que hemos leído y visto desde NUESTRA REDACCIÓN, medir el impacto de la investigación aún está en pañales. La mayoría de las medidas de rendimiento se basan en: la validación interna por parte de académicos que se citan entre sí en artículos de revistas; referencias más amplias en medios de comunicación o redes sociales, o casos de éxito anecdóticos. También nos parce escaso.

Pueden pasar años después de la publicación antes de que la investigación académica encuentre aplicaciones prácticas para cambiar las políticas en los sectores público o privado. Mientras tanto, es posible que nunca se acredite a los autores originales.

Puede suceder también, que sean los mejores investigadores los que no sean los mejores divulgadores para compartir su trabajo de manera efectiva con los estudiantes. Tampoco la contribución debe quedar relegada a las publicaciones académicas, lo que sería una manera muy reduccionista de encajar la realidad, para lo cual el mejor antídoto está en que hay que tener en cuenta otros tantos elementos que armonizan todo el espectro de la formación de postgrado, tales como disertaciones, subvenciones otorgadas y patentes.

Algunos críticos están denunciando que es imperativo ponderar el valor de la investigación total al analizar si los artículos se refieren a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.

Finalmente, desde la AEEN seguiremos trabajando en aras de que las escuelas de negocio sean cada vez más reconocidas como instituciones que tienen una altísima contribución social por el impacto económico que en realidad tienen en una determinada región y en general en todo un país que se beneficia de mayores capacidades intelectuales muy orientadas a la resolución de problemas acuciantes en la sociedad, caso de los medioambientales, al mismo tiempo, que apoyando el desarrollo de una nueva clase de líderes muy consustanciados con las exigencias que la sociedad demanda hoy.

Esta información ha sido elaborada por NUESTRA REDACCIÓN

 

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