El miedo y nuestra capacidad de respuesta psicológica al impacto de la pandemia

El miedo y nuestra capacidad de respuesta psicológica al impacto de la pandemia

Referirse a la pandemia en esta segunda quincena de mayo, debemos hacerlo con sumo cuidado porque ya estamos siendo bombardeados por un exceso de información, consejos médicos, epidemiológicos, etc., teniendo en cuenta, además, que mucha de la información que circula por las redes sociales, no son del todo exactas, por decirlo de manera elegante.

Pero lo que nos interesa hoy es abordar el problema pensando no en el presente, ni tan siquiera en el día después: dicho coloquialmente, queremos tratar el tema en ese momento “después” del “día después”, y no es un galimatías, sino una percepción que tengo que me ha llevado a hacer estas consideraciones.

La psicología social, esa gran ausente

Cada vez que en días de normalidad nos referimos a la expresión “psicología social” no terminamos de darle el alcance que debiera dársele. ¿Por qué? Porque sencillamente cuando todo está dentro de la normalidad, no necesitamos pensar en cómo afecta la psicología de las personas algo que no está ocurriendo, o en caso que podemos suponer que puede ocurrir, al menos, tenemos los instrumentos intelectuales además de técnicos para poder abordarlo.

Pero en la acción de la pandemia Covid-19, ninguno de estos elementos a los que podemos recurrir nos iban a dar resultados en el corto plazo, también mis dudas sobre si lo harían en el medio plazo. Por ello, la única solución posible, o sea, un cierto alivio que podemos incorporar a la ya de por sí alterada situación sanitaria y social por el impacto de tantos contagios y fallecimientos que no cesan, es mirar el “después del día después”.

Hasta que un elemento extraño de las características de esta pandemia no afecte nuestra cierta estabilidad razonable que tiene una sociedad (por ejemplo, la nuestra hasta finales de enero pasado), no es para nada frecuente que tengamos nuestro pensamiento ocupado en virus, bacterias, neumonías, muertes por cáncer, etc.

La enfermedad la dejamos a un lado como un mecanismo mental de rechazo automático que busca mantener ese equilibrio (a veces muy tenso) entre lo que consideramos normal y lo que puede alterar dicha normalidad.

Este bombardeo constante de información a la que nos hemos vistos sometidos a través de los medios de comunicación, principalmente la televisión (por el lógico incremento de consumo de horas frente al televisor por el confinamiento) y las redes sociales que, si bien ya éramos muy activos, justamente al perder la libertad de movimientos se convirtieron en nuestra forma de movilizarnos virtualmente.

Las malas noticias pueden digerirse de manera más o menos rápida. Pero cuando convive entre nosotros un fenómeno como el Covid-19, quizás la más destructivas de las pandemias que haya azotado a la especie humana (al menos en tiempos contemporáneos), el sentimiento constante de amenaza puede tener otros efectos más traicioneros en nuestra psicología.

El miedo al contagio nos lleva a ser más conservadores y poco proclives a experimentar situaciones heterodoxas.

Los juicios morales

Ante lo desconocido, la reacción natural del ser humano es el miedo. Pero justamente es este sentimiento el que ha provocado el avance de nuestra especie a lo largo de un millón de años. Nuestros juicios morales y actitudes sociales más conservadoras se vuelven más estrictas cuando tenemos que transitar por terrenos desconocidos.

Y los recordatorios diarios de enfermedades pueden incluso influir en nuestro pensamiento político.

Los recientes informes de aumento de xenofobia y racismo pueden ser el primer signo de una respuesta automática hacia situaciones de las cuales tenemos la sensación que no controlamos. Pero esto nos puede llevar a cambios sociales y psicológicos mucho más profundos.

Sistema inmunológico conductual

Como gran parte de la psicología humana, estas respuestas a la pandemia determinan el desarrollo de un conjunto de respuestas psicológicas inconscientes , que Mark Schaller, de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá, ha denominado el “sistema inmunológico de conducta” para que actúen como una primera línea de defensa con el objetivo de reducir nuestro contacto con posibles patógenos.

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza, por lo que, si algo nos caracteriza sobre el resto de las especies vivas que también tienen conductas sociales, es en la magnitud que nuestra especie las tiene a través de una interacción social que nos permite convivir en grandes grupos, que como ejemplo tenemos las megalópolis.

Pero el sistema inmunitario de conducta también modificó las interacciones con las personas para minimizar la propagación de una enfermedad, lo que condujo a una especie de distanciamiento social instintivo. Y estono es sólo para la pandemia actual, sino para otras enfermedades a lo largo de la historia.

El sistema inmunológico de conducta funciona con una lógica de “más vale prevenir que curar”, lo quepuede llevarnos a una respuesta exagerada que no guarda relación con la gravedad de la situación.

¿Qué consecuencias tiene entonces esta respuesta excesivamente conservadora? ¿Se justifica tanta precaución?

En términos generales, cuando se dan estas situaciones sociales, la psicología social y esta respuesta “por si acaso” a la que estamos refiriendo, provocan que casi siempre estén fuera de lugar y que se hayan generado en información irrelevante, por no decir falsas muchas de ellas, alterando nuestra toma de decisiones morales, así como la opinión que nos merecen determinadas cuestiones, especialmente, las medidas económicas que ante la adversidad está tomando el gobierno.

Vigilancia moral

¿Por qué el sistema inmunológico de conducta cambiaría nuestro pensamiento de esta manera?

Mark Schaller de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá, argumenta que muchas de nuestras reglas sociales tácitas, como las formas en que podemos y no podemos preparar alimentos, la cantidad de contacto social que se acepta y no se acepta, o cómo deshacerse de los desechos humanos, pueden ayudar a reducir el riesgo de infección.

Como resultado, es beneficioso ser más respetuoso con lo convencional ante un brote pandémico, al mismo tiempo que nos volvamos más vigilantes moralmente ante estas escaladas epidemiológicas.

Todos los estudios psicosociales, han venido demostrando que por miedo al contagio una vez que se ha disparado la curva y se toma consciencia de la gravedad por parte de la población, tendemos a ser más severos al juzgar cualquier tipo de incumplimiento, por ejemplo, cuando vemos a personas que no van protegidas o guardan el distanciamiento social obligatorio.

Si bien este tipo de incidentes puntuales no harían nada para agravar más aún la propagación de la enfermedad, la ignorancia a veces, así como la respuesta exagerada, provocan que no se solucione el problema científico y sí se agudice el social, al menos, por hartazgo ante las limitaciones de movilidad que impone el confinamiento.

Cómo dar respuesta psicosocial al covid-19

Así como que ninguna persona es igual a otra, los sistemas inmunológicos de conducta varían de un individuo a otro, ya que no todos se verán afectados en el mismo grado.

Si en nuestros simples comportamientos diarios en épocas de normalidad, las personas tienen sistemas inmunológicos conductuales más o menos sensibles, como el de reaccionar con demasiada intensidad a las cosas que interpretan como un posible riesgo de infección, la gravedad de esta pandemia puede alterar aún más estas diferencias y exacerbar la respuesta de muchas conductas que en otras situaciones no hubiesen reaccionado de igual forma.

Según varias investigaciones, se puede probar que aquellas personas que ya eran más respetuosas de las normas sociales, al mismo tiempo que desconfiaban de los extraños por encima de la media de respuesta grupal, ante una mayor amenaza de una enfermedad simplemente endurecen sus posiciones.

Pero el coronavirus ha sido democrático en una sola cosa, si puede decirse algo bueno de este virus: en que ningún gobierno, ninguna institución, ningún científico, tienen hasta el momento la verdad absoluta sobre su nacimiento, su propagación y su muerte. Tan simple como esto, pero tan complejo para incorporarlo al fenómeno de la psicología social.

Sin duda está cambiando nuestra forma de pensar, al menos si no en el fondo (nuestra filosofía de vida) en la respuesta que debemos dar a fenómenos de tamaña letalidad, lo que sí confirma la teoría del sistema inmunológico de conducta, ya que es ciertamente probable que pueda volver a repetirse no sólo un rebrote, sino otra pandemia a la cual tampoco sepamos como defendernos.

Yoel Inbar, de la Universidad de Toronto, argumenta que sería un cambio relativamente moderado en la opinión general de la población, en lugar de una gran sacudida en las actitudes sociales.Pero creemos que esto depende mucho del nivel de información y la calidad de la misma.

El especialista encontró evidencia de cambio social durante la epidemia de ébola de 2014, que estuvo muy presente de las noticias internacionales. Se tomó una muestra de 200.000 personas, y se preguntó sobre las actitudes implícitas hacia los hombres homosexuales y las lesbianas, que frente a la gravedad del virus africano, parecía que disminuía dicha actitud negativa durante el brote. Es decir, había algo más importante de lo que preocuparse.

Esto se debió a que la gente se informaba mucho más sobre las amenazas de enfermedades, lo que le llevó a cierto cambio en sus actitudes habituales.

Pero los expertos están diciéndonos que los efectos más profundos pueden no tener nada que ver con el sistema inmunológico de conducta, sino más directamente con la percepción sobre qué bien o qué mal lo está haciendo el gobierno para responder a la situación.

Esto hace, que independientemente de la manera en que pueda influir en la opinión de la ciudadanía sobre las medidas que toma el gobierno, sí es claro que influyen decididamente en nuestras propias reacciones personales al coronavirus. Más aún cuando son reacciones sociales. O sea, una vez más, el comportamiento psicosocial es el que predomina y marca las líneas de actuación que los gobiernos deberán tener en cuenta a fin de buscar un equilibrio en la respuesta sanitaria y la convivencia social. Este equilibrio dentro de marcos de prevención y cautela necesarios para atajar y dominar cualquier pandemia del tipo del Covid-19.

Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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